La piel que habito

No se si porque en el cine se encontraban actores como Javier Cámara, Natalie Poza, directores de cine como Juan Flahn, o escritoras como Elvira Lindo, o porque al numeroso público de la sala le gustó la película pero el caso es que al finalizar la proyección de La piel que habito, la ultima de Almodóvar, se oyeron aplausos, no muchos pero al fin y al cabo hubo aplausos. Sin embargo, me atrevo a decir que no es de las mejores películas del manchego y más aun, es uno de los mayores fiascos del cine español. Pretende ser una cinta de género, de terror, pero no da nada de miedo y en los momentos cumbres, se supone de desgarro y drama, se oyen risas.
Los elementos o mimbres eran inmejorables: unos buenos actores, una excelente partitura de Alberto Iglesias, una fotografía, escenografía, ambientación de lo mejor… Y sin embargo Almodóvar lo echa todo a perder por su sentido de la trascendencia, por su afán perfeccionista y por su necesidad de incluir, aunque sea con calzador, elementos distintivos, de esos que se han bautizado como almodovarianos.
Antonio Banderas acata todas las ordenes del director y está correcto si bien no resulta nada creíble en su papel de cirujano plástico. Elena Anaya saca adelante su complicado personaje y es de lo mejor de la película. En su conjunto se puede decir que el elenco esta desaprovechado y que muchos de ellos resultan desdibujados en esta piel que más que habitada parece deshabitada.

El árbol de la vida

Acabo de ver El árbol de la vida, penúltima película de Terrence Malick y ganadora de la Palma de oro en Cannes. De entrada hay que aclarar que no es una cinta para todos los públicos. Aquellos acostumbrados al cine convencional, es decir a películas con argumento, nudo, desarrollo y desenlace, abstengánse de ir a verla, de lo contrario se arrepentirán de haber entrado en la sala y, sobre todo, de haber pagado una entrada. Por el contrario para los amantes del cine es una cita ineludible ya que podrán de disfrutar de cine con mayúsculas, de una película que es pura poesía. Malick utiliza como argumento la vida de una familia texana en los años 50, pero esto es solo un pretexto para ahondar en dualidades como vida y muerte o bondad y maldad, aquí encarnadas por el padre y la madre, unos estupendos Brad Pitt y Jessica Chastain. Uno de los principales motivos de desconcierto de los espectadores no avisados es que apenas esbozada la historia esta da un giro de 180 grados y cual si fuera un documental de La 2 o de National Geographic se adentra en el origen del universo con unas impactantes imágenes al ritmo de una sobrecogedora música. Pasado ese paréntesis se centra de lleno en la familia narrando el nacimiento de los tres hijos y su desarrollo hasta la adolescencia con unos bellos fotogramas y otra vez con una impactante banda sonora. La película ya dividió a los críticos en Cannes entre los que la consideraban una obra maestra y quienes veían en ella una paranoia o ralladura de coco de Terrence Malik.

Manolete

Aunque no ha llegado a las carteleras españolas, la cinta ‘Manolete’, en la que se recuerda la figura del mítico torero fallecido tras una cogida en la plaza de toros de Linares, circula por la red y puede ser asequible para el gran público tras su estreno fallido en Francia. De puro exótica resulta atractiva de ver, con un Adrien Brody como un Manolete inverosímil y elegido más por el supuesto parecido físico que por otra cosa, y una Penélope Cruz voluptuosa y sensual que no para de fumar para meterse en la piel de Lupe Sino. No se sabe si por los múltiples problemas durante el rodaje o por falta de dinero da la sensación de que la cinta se ha recortado al máximo y apenas llega a una hora y media de duración. Ello ha provocado que la mayoría de los personajes, excepto los dos principales, queden desdibujados, y peor que eso la historia en sí se reduce a la tortuosa relación del torero con la aspirante a actriz, obviando otros interesantes capítulos como su rivalidad en las plazas de toros con otras figuras de la época como Luis Miguel Dominguín, o la relación de Manolete con su familia y en especial con su madre. La película está bien ambientada y retrata la dehesa andaluza en algunos pasajes con una fotografía preciosista pero un tanto artificial. En el capítulo anecdótico, el matador Cayetano Rivera, que junto con Espartaco fue asesor taurino durante el rodaje, aparece en una escena como una de las conquistas de Penélope Cruz.